por Rocío Herrera
Ante la propuesta de encontrar la cura para la “Histeria” surge el psicoanálisis. Basado en una analogía del modelo médico, el psicoanálisis busca los signos de la estructura psíquica y al observarlos emprende el camino para la disolución de los síntomas.
En un principio se le da a la “palabra” la supremacía para el encuentro de ese algo que se busca, a través de la escucha de la misma se podrá ir tejiendo una radiografía sobre el material situado en la psique del sujeto.
Una palabra nos lleva a otra, esa a otra y así sucesivamente hasta obtener un discurso, el cual dará las pistas para encontrar la respuesta necesaria para dar el paso a la disolución de los síntomas.
Cuando se escucha una y otra vez el discurso del sujeto, podremos observar que dentro de las palabras se encuentra un juego entre lo “oculto” y lo “revelado”; donde eso revelado tiende a ser confuso, disperso, y poco interpretable.
La enfermedad psíquica tiende a actuar de una manera análoga a la enfermedad somática. Cada vez que es atacada, se defiende.
Es entonces que de una simple escucha de la palabra, nos pasamos a ver un más allá de lo dicho.
En los pacientes se puede observar un discurso repetitivo, como si se tratara de un sujeto que se ha quedado estancado, que se ha quedado sin salir de un mismo lugar. Como si se tratara de un camino lleno de obstáculos.
Al mirar entonces el discurso repetitivo habrá que preguntarnos: ¿Por qué sigue sin saber su respuesta, puesto que se repite una y otra vez?
Ahí es donde empieza el camino hacia la escucha de lo “inconsciente”, en observar lo que se encuentra ahí y nadie ha observado, ni el sujeto mismo, el quehacer del analista es descubrir eso mismo que se ha perdido o revelar eso que no se ve.


