jueves, 20 de junio de 2013

El surgimiento de la escucha de lo inconsciente





Ante la propuesta de encontrar la cura para la “Histeria” surge el psicoanálisis. Basado en una analogía del modelo médico, el psicoanálisis busca los signos de la estructura psíquica y al observarlos emprende el camino para la disolución de los síntomas. 

En un principio se le da a la “palabra” la supremacía para el encuentro de ese algo que se busca, a través de la escucha de la misma se podrá ir tejiendo una radiografía sobre el material situado en la psique del sujeto. 

Una palabra nos lleva a otra, esa a otra y así sucesivamente hasta obtener un discurso, el cual dará las pistas para encontrar la respuesta necesaria para dar el paso a la disolución de los síntomas. 

Cuando se escucha una y otra vez el discurso del sujeto, podremos observar que dentro de las palabras se encuentra un juego entre lo “oculto” y lo “revelado”; donde eso revelado tiende a ser confuso, disperso, y poco interpretable. 

La enfermedad psíquica tiende a actuar de una manera análoga a la enfermedad somática. Cada vez que es atacada, se defiende. 

Es entonces que de una simple escucha de la palabra, nos pasamos a ver un más allá de lo dicho.

En los pacientes se puede observar un discurso repetitivo, como si se tratara de un sujeto que se ha quedado estancado, que se ha quedado sin salir de un mismo lugar. Como si se tratara de un camino lleno de obstáculos. 

Al mirar entonces el discurso repetitivo habrá que preguntarnos: ¿Por qué sigue sin saber su respuesta, puesto que se repite una y otra vez? 

Ahí es donde empieza el camino hacia la escucha de lo “inconsciente”, en observar lo que se encuentra ahí y nadie ha observado, ni el sujeto mismo, el quehacer del analista es descubrir eso mismo que se ha perdido o revelar eso que no se ve. 



lunes, 27 de mayo de 2013

Cinco conferencias sobre psicoanálisis

En 1909 la Clark University de Massachusetts invitó a Freud  para que dictara una serie de conferencias en ocasión de su 20° Aniversario. Ante un público no especializado expuso en cinco intervenciones de manera sencilla y accesible un esbozo de su teoría.

Por lo cual es una lectura muy recomendada para los recién llegados al psicoanálisis sin olvidar que estas reflexiones corresponden a los inicios del psicoanálisis y que posteriormente fueron ampliadas o modificadas por el mismo Freud y demás psicoanalistas que han contribuido al establecimiento del psicoanálisis actual.



viernes, 24 de mayo de 2013

Sublimidad, sublimar, sublime.


Espantapájaros 10 

por Oliverio Girondo





¿Resultará más práctico dotarse de una epidermis de verruga que adquirir una psicología de colmillo cariado?
Aunque ya han transcurrido muchos años, lo recuerdo perfectamente. Acababa de formularme esta pregunta, cuando un tranvía me susurró al pasar: “¡En la vida hay que sublimarlo todo... no hay que dejar nada sin sublimar!”
Difícilmente otra revelación me hubiese encandilado con más violencia: fue como si me enfocaran, de pronto, todos los reflectores de la escuadra británica. Recién me iluminaba tanta sabiduría, cuando empecé a sublimar, cuando ya lo sublimaba todo, con un entusiasmo de rematador... de rematador sublime, se sobreentiende.
Desde entonces la vida tiene un significado distinto para mí. Lo que antes me resultaba grotesco o deleznable, ahora me parece sublime. Lo que hasta ese momento me producía hastío o repugnancia, ahora me precipita en un colapso de felicidad que me hace encontrar sublime lo que sea: de los escarbadientes a los giros postales, del adulterio al escorbuto.
¡Ah, la beatitud de vivir en plena sublimidad, y el contento de comprobar que uno mismo es un peatón afrodisíaco, lleno de fuerza, de vitalidad, de seducción; lleno de sentimientos incandescentes, lleno de sexos indeformables; de todos los calibres, de todas las especies: sexos con música, sin desfallecimientos, de percusión! Bípedo implume, pero barbado con una barba electrocutante, indescifrable. ¡Ciudadano genial —¡muchísimo más genial que ciudadano!— con ideas embudo, ametralladoras, cascabel; con ideas que disponen de todos los vehículos existentes, desde la intuición a los zancos! ¡Mamón que usufructúa de un temperamento devastador y reconstituyente, capaz de enamorarse al infrarrojo, de soldar vínculos autógenos de una sola mirada, de dejar encinta una gruesa de colegialas con el dedo meñique!....
¡Pensar que antes de sublimarlo todo, sentía ímpetus de suicidarme ante cualquier espejo y que me ha bastado encarar las cosas en sublime, para reconocerme dueño de millares de señoras etéreas, que revolotean y se posan sobre cualquier cornisa, con el propósito de darme docenas y docenas de hijos, de catorce metros de estatura; grandes bebés machos y rubicundos, con una cantidad de costillas mucho mayor que la reglamentaria, a pesar de tener hermanas gemelas y afrodisíacas!...
Que otros practiquen —si les divierte— idiosincrasias de felpudo. Que otros tengan para las cosas una sonrisa de serrucho, una mirada de charol.
Yo he optado, definitivamente, por lo sublime y sé, por experiencia propia, que en la vida no hay más solución que la de sublimar, que la de mirarlo y resolverlo todo, desde el punto de vista de la sublimidad.

domingo, 19 de mayo de 2013

Filosofía y Psicología entrevista a Foucault


Lo que caracteriza a la Psicología y lo que le dio la razón de ser fue el descubrimiento del inconsciente.
Toda Psicología a partir del momento en que no es Psicología del inconsciente, es decir cuando no es Psicoanálisis, es forzosamente una psicología de tipo económico.

martes, 14 de mayo de 2013

Poesía no eres tú

Porque si tú existieras
tendría que existir yo también. Y eso es mentira.

Nada hay más que nosotros: la pareja,
los sexos conciliados en un hijo,
las dos cabezas juntas, pero no contemplándose
(para no convertir a nadie en un espejo)
sino mirando frente a sí, hacia el otro.

El otro: mediador, juez, equilibrio
entre opuestos, testigo,
nudo en el que se anuda lo que se había roto.

El otro, la mudez que pide voz
al que tiene la voz
y reclama el oído del que escucha.

El otro. Con el otro
la humanidad, el diálogo, la poesía, comienzan.


Rosario Castellanos